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escrito por Marta Mota
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domingo, 22 de noviembre de 2009 |
Raro será el lector que no tenga la necesidad de, nada más encender
el ordenador, hacer una visita urgente y primordial a Tuenti, o en su
defecto, a Facebook. Extraño será el que no dedique unos minutos,
cuando no horas, de su ?ajetreado? día a mirar si al menos tiene una
?visita? más que hace diez segundos o a ver si esa persona a la que
conoce de una noche y ya llama amigo tiene fotos o comentarios nuevos.
Poco frecuente será el que, a estas alturas, recuerde felicitar los
cumpleaños de sus ?amigos? si no revisa la esquina inferior izquierda
de Inicio e incluye en su comentario un video de los Parchís. Y del
todo increíble será el que afirme que nunca se sentó delante de una
pantalla con una red social delante de sí, con otro adicto al lado y
peleando por ser el creador del comentario más ingenioso acerca de un
perfil, foto o estado de alguien como tú, como yo, y como ellos mismos,
que convertimos nuestra vida en una especie de reality, pero con cámara
de fotos. Y con ello, dejamos de reparar en la gran cantidad de tiempo
e información que se nos escapa en estas páginas.
En Tuenti, por ejemplo, se sirven cerca de 2000 millones de
páginas al mes, cada semana se registran sobre 8000 usuarios nuevos y
cada uno de ellos le dedica alrededor de dos horas de uso por sesión.
Dos horas perdidas delante de un ordenador. Porque aunque se las llame
redes sociales, la verdadera sociedad no está dentro de una pantalla ni
se puede conocer tocando unas teclas. Dos horas que podríamos utilizar
para respirar aire no condicionado y hablar con una cara no
fotografiada. Pero no, porque nunca tenemos tiempo para nada y sí dos
horas para estar en Tuenti.
El problema es que no sólo es tiempo lo que se pierde en estas
redes, en las que caemos todos de una u otra forma, sino que se
malgasta la intimidad y se derrochan datos a los que cualquiera puede
acceder, ya que tampoco es que seamos muy selectivos en nuestra lista
de ?amigos? (siempre con comillas para no traicionar a una palabra que
significaba mucho más). Cualquiera puede elaborar una ficha de cada uno
de nosotros con muchos más datos de los que incluso quisiera, saber
nuestra fecha de nacimiento, ciudad, colegio, universidad, zonas que
frecuentamos, intereses, películas o libros favoritos. Toda una mina
para cualquier empresa, que tiene acceso a una enorme cantidad de
información acerca de posibles mercados, sin invertir en ello un solo
euro, o que puede escribir el nombre de su solicitante de empleo y
saber todo tipo de actividades en las que participa o las fotos en las
que parece pedir a gritos que no se le dé el puesto de trabajo.
Incluso los medios de comunicación, en casos como el reciente de
Marta del Castillo, pudieron difundir fotos, conversaciones o
comentarios de su cuenta en Tuenti. Pero que nos expongamos tanto no es
solo beneficioso para empresas y grandiosidades que nos suenan tan
lejos, sino para todo al que le interese entrar en tu intimidad, que
encuentra un cartel de bienvenida en la puerta y puede acceder
perfectamente a los comentarios que hiciste en aquella foto sin
aparente importancia y que terminaron resultando ser tu cruz en
novatadas, hablando de lo que nos queda más cerca.
Pero según Zaryn Dentzel, el californiano creador de Tuenti, en
esta red ?se antepone la privacidad de nuestro público al crecimiento
sin control?. De verdad que me encantaría creerlo, pero si en principio
iba destinado solo a universitarios, ¿cómo ha llegado a ser la red
social más importante entre los españoles de entre 14 y 18 años?
Menores de edad, mucho más vulnerables y desconocedores de a lo que
realmente se exponen. Corrijo, nos exponemos. Pero adaptar las medidas
de seguridad a este tipo de usuario, para el que no se había pensado
sería quizá un poquito menos rentable para Dentzel, ¿no?
Y donde pone Tuenti, que es el más influyente en nuestro país,
podríamos poner Facebook con el nombre de otro creador y cambiando lo
de esquina inferior izquierda por esquina inferior derecha, o MySpace,
o Twitter, nombrando solo los más conocidos. Pero las preguntas que
todos sugieren son las mismas, ¿hasta que punto no somos conscientes de
lo que ponemos en juego? Y, ¿de verdad es tanto lo que se pone en
juego? Y aún así, la más paradójica sigue siendo ¿por qué he convertido
el mi ?opinión? en una crítica a Tuenti si yo soy la primera menor que
sube fotos bebiendo y relleno todas las casillas de aficiones, ciudad,
y ese largo etcétera??
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escrito por Juan De La Villa
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domingo, 22 de noviembre de 2009 |
Según una ley de 2004, los extranjeros que trabajan en España y tienen
un sueldo superior a 600.000 euros anuales sólo tributan un 24% en el
IRPF (Impuesto de la Renta sobre las Personas Físicas). Esta medida iba
destinada a la pesca de cerebros de científicos extranjeros para que
compartieran sus saberes con las empresas españolas. Sin embargo, los
grandes beneficiados acabaron siendo los futbolistas extranjeros que
llegaban a nuestra liga.
Un nuevo proyecto de ley impulsada por el PSOE pretende eliminar
dicha ley y que todos los futbolistas (y extranjeros) paguen a Hacienda
como todo hijo de vecino: el 43% de IRPF.
Sin embargo, esta ley, que a priori parece entendible, ya le han
empezado a surgir críticas, en especial de la Liga de Fútbol
Profesional (LFP). La Liga declara que esta ley puede arruinar las
perspectivas de futuro de la competición casera, ya que si actualmente
posee el elevado número de estrellas que tiene, se debe a dicha ley
?Beckham?; pues a los profesionales les resulta más atractivo venir a
competir a España ya que las exenciones fiscales son notables. Las
consecuencias según la Liga serían la pérdida de estrellas y, por
consiguiente, la reducción de las audiencias televisivas que tan
grandes beneficios otorgan a los propietarios de los derechos de
televisión (y amigos de los directivos de la Liga y la Federación).
Esta ley, a primera instancia puede perjudicar a los clubes de
fútbol, que se verían obligados a pagar más dinero a Hacienda, ya que
habitualmente los jugadores negocian sus contratos con cantidades
netas, es decir, con el descuento fiscal ya incluido. Por tanto, los
equipos se verían obligados a negociar a la baja los contratos o pagar
más para llegar a igualar el salario neto.
Pero, ¿serán al final los clubes y la Liga los grandes derrotados
como ellos mismos dicen? Es posible que no. Es posible que al final los
grandes perdedores de esta particular liga seamos los de siempre, es
decir, los ciudadanos normales y aficionados al fútbol. Pues si al
final prospera esta ley, los equipos se verán obligados a subir sus
cuotas de socio, los precios de las entradas, camisetas, etc. Afectando
como siempre al bolsillo del ciudadano de a pie que, por si fuera poco,
ya se va a ver afectado por la subida también del IVA.
No obstante, viendo lo visto, la mejor solución pasaría sin duda
alguna por bajar los estratosféricos salarios que ganan estos
personajes, que muchas veces ni se lo ganan. Así que, por tanto, menos
esconderse del fisco y más dar la cara (y jugar al fútbol, porque a
veces ni lo hacen), pues como alguien dijo: ?Hacienda somos todos?.
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escrito por Sofía Domínguez
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domingo, 22 de noviembre de 2009 |
Buscar la felicidad es probablemente uno de los caminos más
difíciles de la vida. Hay veces que ni siquiera nos damos cuenta de que
continuamente caminamos por esa senda llena de obstáculos, buscamos el
final inconscientemente. Pero ¿qué es la felicidad?, ¿se puede llegar a
alcanzarla? Preguntas tan inmateriales que se las lleva el viento. Todo
el mundo quiere alcanzarla, pero ¿cómo? ahí empiezan las discrepancias.
Para alguien, el medio puede ser el placer, para otro lo material o
incluso lo inmaterial. Es un concepto tan filosófico que, seguramente,
nadie de quien ahora fija sus ojos sobre estas líneas se lo ha
planteado; sin embargo creo que es una de las palabras más importantes
que debemos buscar en nosotros. Todo el mundo la desea pero nadie sabe
si la consigue plenamente.
Nacemos para estar sometidos a cambios continuos, unos para bien y
otros para mal. Si la suerte nos acompaña somos felices, si los malos
momentos nos inundan, la vida da asco. Entonces, ¿la plenitud
satisfactoria nunca nos va a acompañar? o por el contrario ¿siempre
está con nosotros y simplemente unas veces está en la cúspide y otras
rozando el suelo? La solución puede estar en eliminar el concepto de
?plenitud?. Simplemente nuestra vida está marcada por esas pequeñas
cosas que un día nos harán sonreír y otros llorar. Dependerá de la
fuerza interior de cada uno en qué grado nos afecten esos momentos. Lo
que quiero decir con todo esto es que ni existe la felicidad ni la
infelicidad eterna.
Aunque los obstáculos y las facilidades nos vengan solas, en la
vida existe una parte que depende de nosotros. Y es que si las ganas y
el afán por conseguir lo que deseamos priman en nuestra personalidad,
los momentos de felicidad vendrán solos.
En definitiva, lo que quería decir en este artículo es que la
felicidad depende de cada persona, únicamente, y no existirán nunca
unas pautas que nos marquen el fin del camino.
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escrito por Rodrigo Romero
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domingo, 22 de noviembre de 2009 |
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Mercado es, para la Real Academia de la Lengua Española, aquella
ìcontratación pública en lugar destinado al efecto y en días soleados.
El ciudadano de a pie acude al mercado a intercambiar recursos
necesarios para su supervivencia a cambio de un dinero determinado.
Este ciudadano se dedica a luchar contra la especulación y la inflación
de precios causadas por la espectacularidad y la decoración que los
productos llevan consigo. ¿Quién no retiene en su memoria al vendedor
ambulante gritando y haciendo aspavientos para llamar la atención de un
público al que tiene como objetivo ganar su confianza para la venta de
sus productos?
Hoy en día, el capitalismo en que vivimos, hace que pongamos a
todo una etiqueta con un euro en pequeño precedido de una raya
horizontal bajo un espacio en blanco. Dicho de otra manera, todo tiene
precio; incluso los derechos más fundamentales: la libertad, la
justicia y lo que es peor, la información. El mercado comunicacional
reinante en la actualidad premia una información espectacular, poco
informativa y muy audiovisual. Semejante a los mercados, la información
es un mero producto en el que el mejor postor es el que se lleva la
mejor información. No importa que ésta tenga un mayor número de
afectados si el número de personas que la reciben es mayor.
El pasado 17 de Octubre se llevó a cabo la multitudinaria
manifestación a favor de la vida en Madrid. Gracias a esta maravillosa
manipulación a la que estamos constantemente expuestos, no podemos
hablar de una cifra fija de gente que acudió.
Ese mismo día, y también en Madrid; se produjo otra manifestación a
favor de la vida, pero sin leyes abortistas de por medio. Algo más
exacto y mucho más preocupante: la pobreza. No me hizo falta contar las
personas ni hacer cálculos con un programa preciso para saber que a la
última acudieron muchísimas menos personas que a la primera. Ni fue
retransmitida en directo, ni acudieron personalidades de la oposición
española, lógicamente, no había cámaras ni recursos audiovisuales para
salir en ellas.
Para saber la repercusión de dicho evento, podemos hacer una prueba
mucho más práctica consistente en poner en un buscador de internet
?manifestación a favor de la vida 17 de Octubre? y compararla con los
resultados que encontraremos si en vez de los primeros comandos
escribimos ?manifestación contra la pobreza 17 de Octubre?.
La tarea del periodista no es denunciar este hecho. Es luchar como
intermediario entre la información y el público y evitar que la censura
del siglo XXI, esto es, la sobreabundancia de información que nubla la
percepción del lector en contra de la censura tradicional basada en la
ausencia de la información básica; no llegue a ningún puerto. Se trata
de un arma fundamental en la construcción de la información pública.
Y para empezar a reformar los medios de comunicación hay que tomar
conciencia del papel que juega el periodista dentro de ellos.
Mucho es lo que se le achaca al periodista actual. Nos tildan de
absurdos, de manipuladores y de cretinos sin saber que los verdaderos
periodistas están detrás del plano audiovisual. Cualquier viandante se
sorprendería al saber que la mayoría de las ilustres personalidades de
la caja tonta son humoristas, escritores de blogs y estrellas
frustradas del Big Brother español. Por ello hay que concienciar no
sólo al españolito medio, sino a los propios periodistas del papel que
toman en la sociedad. De ellos es la palabra y de ellos salen los
recursos con los que la población forma sus opiniones. Esta es una
profesión vocacional. O la sientes o no. No existe el periodismo en ese
abanico de posibilidades que se baraja el estudiante que ha aprobado la
selectividad.
Así pues, nos encontramos después profesionales del periodismo en un
medio que no sienten de verdad la profesión y solamente se preocupan de
llevar un sueldo a sus casas.
No negaré la importancia del dinero en estos tiempos de crisis que
corren por nuestros días. Por eso es esencial fijarse una serie de
objetivos desde que se comienza la tortuosa carrera y hacer todo lo
posible para llegar a conseguirlos.
El segundo y el último paso para reformar el periodismo en España
es olvidar al tipo de magnate de la información que presiden los
conglomerados comunicacionales. Atrás quedan los redactores que iban a
pedir opinión a sus jefes para enfocar de una manera u otra su noticia.
Hoy el periodista es autodidacta. De nada sirve que se fabrique una
deliciosa noticia si no vende. Por eso hoy en las redacciones se oye
más el dicho de Oír, Ver & Callar, porque a los rebeldes se los
lleva el ejecutivo.
De acuerdo al mercado comunicacional que enunciaba anteriormente,
el magnate de la comunicación verá buena la publicidad, mala para el
periodista porque le quita espacio físico en su sección. Verá buena la
posibilidad de fusiones y conglomerados, sin importarle el cocktail de
líneas editoriales que confundirán al receptor en virtud de la
manipulación y la confusión generalizada. ¿Qué hace el espectador?
Optar por lo fácil. O dicho de otra manera: lo que no le haga pensar.
La telebasura.
Pensar cansa. Y mucho. Pero es la única forma de no dejarnos manipular
y ser fuertes mentalmente a la hora de recibir la información.
Atrás quedan las empresas autogestionarias periodísticas que
transformaron a España en una democracia. Reuniones clandestinas,
artículos con un segundo significado, proyectos de constituciones?
¿Dónde ha quedado esa esencia? ¿Quién se la ha llevado? ¿Acaso nos
hemos vuelto tan vagos los periodistas que estamos acostumbrados a que
nos sirvan todo en bandeja? ¿O simplemente nos dedicamos a copiar y
pegar lo que ya han hecho otros?
Ryszard Kapuscinski nos decía en una frase la máxima de la
profesión: ser éticamente correctos. Con el mundo, con el público y
sobre todo, con nosotros mismos.
Y es que ya lo decía en el título de esta obra. Que los cínicos no sirven para este oficio. Bendito Polaco.
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escrito por P. Martín Ojeda
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domingo, 22 de noviembre de 2009 |
Mucho ha llovido en Madrid desde aquel 31 de Mayo de 1871 cuando el
primer tranvía tirado por dos mulas cruzaba la Puerta del Sol en
dirección al barrio de Salamanca. Ya lo supo entonces el ingeniero
García Faria, quien avistó la multiplicación de la población madrileña
y el crecimiento paralelo de sus barrios y calles como un problema
urbanístico que crecería exponencialmente en los años venideros si no
se le ponía remedio. Así fue y durante aquellos últimos años del siglo
diecinueve se forjarían las bases del urbanismo que hoy conocemos, a la
vez que se iría desarrollando un sistema de infraestructuras urbanas,
rudimentarias en un principio, pero igual de necesarias entonces que
hoy.
El tiempo ha sido testigo de la incesante transformación que ha
vivido la ciudad de Madrid en este último siglo. En 1913, el año en que
los ingenieros Otamendi, Mendoza y González Echarte propusieron su
proyecto de transporte metropolitano suburbano, Madrid tenía 600.000
habitantes, hoy en día tiene cerca de 3.300.000, es decir; ha
multiplicado por más de cinco su censo en menos de un siglo. Aquel
proyecto de Metro supuso un enorme reto en cuanto a financiación y a
suministro de materiales:
En primer lugar, sólo se logró obtener cuatro de los ocho millones
de pesetas que costaría iniciar la sociedad encargada de las obras
(estos fueron financiados por el Banco de Vizcaya), conseguir los
cuatro restantes fue un verdadero calvario debido a la falta de
inversores o a la poca confianza de estos en la idea. Prueba de ello
fue que el mismo rey Alfonso XIII, un optimista del proyecto, hubo de
poner un millón de pesetas de su bolsillo para animar el espíritu
inversor. Ni que decir tiene que surgió efecto.
En segundo lugar, debido a la guerra que azotó Europa de 1914 a 1918
el suministro de materiales que provenían de Paris sufrió un gran
retraso y a punto estuvo de dejarnos sin metro. Gracias a la
persistencia, el esfuerzo y sobre todo el anhelo de progreso de
aquellos ?Padres Fundadores?, el 24 de Enero de 1917 se creó la
compañía que bajo el nombre de ?Compañía Metropolitana Alfonso XVIII?
iniciaría el 17 de julio de ese mismo año las obras de la Línea 1 del
metro de Madrid. Aquella Línea 1 contaba con ocho paradas repartidas en
3.48 kilómetros que iban desde Cuatro Caminos hasta Sol y el trayecto
inaugural lo hizo el Rey Alfonso XIII el 17 de Octubre de 1919; tardó
poco menos de diez minutos, algo insólito para el momento ya que
multiplicaba la velocidad de los trasportes urbanos convencionales. El
31 de ese mismo mes se abrió al pueblo de Madrid, quien lo acogió con
gran ilusión.
Este año se cumple el noventa aniversario de aquel viaje inaugural y
Madrid parece haber afrontado con sumo éxito los retos urbanísticos e
infraestructurales que, a lo largo de estas décadas, se han ido
cruzando en su devenir de Gran Capital. Desde el primitivo Plan ?Zuazo
Jensen? de 1929 y su sustituto el Plan ?Brigador? de 1941 (planes de
ordenación urbanística), pasando por la apertura de Barajas en 1931, la
construcción de la M-30 hasta llegar a los trenes AVE de alta velocidad
o los famosos túneles de Gallardón, ya en los albores del siglo XXI, se
han cumplido todos los proyectos con mayor o menor éxito, con mejor o
peor acogida ciudadana? Pero de lo que no cabe duda es que Madrid se
hace mayor y cumple casi un siglo de grandes proyectos
infraestructurales, que hoy en día vivimos en la segunda área
metropolitana más poblada de Europa y que eso se tiene que notar por
alguna parte. Con sus cambios, sus mutaciones, sus siempre malavenidas
obras a pie de calle y sus incómodas retenciones, pero siempre con el
Progreso por meta y el Servicio como lema, la Villa se hace adulta y
nosotros somos hoy testigos, fugaces y pasajeros, de lo que el Hombre
es capaz de hacer.
?Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos?
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